sábado, 24 de diciembre de 2016

WESTWORLD (1A T.): EL PARQUE TEMÁTICO DE LOS INSTINTOS

Westworld es una serie compleja, un ejercicio interpretatativo, el rodaje de mil espejos con diferentes curvaturas para que el espectador se entretenga buscando la única imagen real de entre tan variada distorsión, envuelta en bonito papel de regalo.

Su estética cuidada no  disimula opulencia en todo lo que toca, una delicia visual que logra combinar con acierto la iconografía añeja del antiguo Oeste con la tecnología más  puntera de la robótica en un alarde creativo.

Una de las claves para que se haya convertido en una de las series más vistas y comentadas del año radica en su habilidad para resucitar el espíritu de Asimov, el gusto por la ciencia ficción y los robots, un original despliegue narrativo con reminiscencias cinéfilas de lo más variado. Voy a desglosar algunas:

-Blade Runer: hay indudables similitudes entre los Replicantes de la mítica película y los Anfitriones de la serie: robots antropomorfos de apariencia sumisa que causarán más  de un quebradero de cabeza a los humanos. ¿Es mera casualidad que Robert Ford,  el personaje interpretado por Anthony Hopkins comparta apellido con el protagonista de la película,Harrison Ford?

-Battlestar Galactica: en esta serie también hay humanoides que se resisten a ocupar un papel secundario, los Cylon (serie de 1978 con remake en 2004 y película en 2003). Surgen inevitables dilemas morales.

-El Show de Truman: saco a colación esta película porque su protagonista sigue, sin saberlo, un guión, como los Anfitriones de  Westworld, pero sobre todo por el concepto de hábitat como sinónimo de escenario acotado por el cuál  se desenvuelven los protagonistas.

-Yo,Robot: robots inteligentes conviven con humanos, pero algunos acaban ignorando la principal ley de la robótica : "un robot no puede dañar a humanos". Algunas escenas comparten una estética visual de la quietud como sinónimo de sumisión en contraposición con el movimiento, que representa la rebeldía.

-Jurassic Park: no es casualidad que esta película y Westworld hayan surgido de la cabeza de Michael Crichton; en ambas la acción se desarrolla en un parque temático,muy diferente en ambos casos pero con un mismo trasfondo: cuando el hombre quiere jugar a ser dios sus criaturas acaban rebelándose,da igual que sean dinosaurios o robots.

-Breaking bad: el décimo episodio de la Tercera Temporada lo protagoniza una mosca que simboliza la transformación del protagonista, de anónimo profesor de química en despiadado narcotraficante,de Walter White a Heisemberg. En Westworld también una mosca muestra la transformación, la evolución del Anfitrión,de frío autómata a ente capaz de sentir las patas de una mosca.

-Atrapado en el tiempo: la memorable película, más  conocida como El día de la marmota; Bill Murray sufre un claustrofóbico bucle temporal, condenado a vivir el mismo día una y otra vez como si se tratara de una maldición del mismísimo Sísifo: las mismas palabras en la radio al despertar,la misma hora, las mismas acciones del mundo que le rodea y una angustia inicial que se va transformando en resignación como conseciencia de la impotencia; algo parecido ocurre con los anfitriones, programados para repetir una y otra vez el mismo guión, con una pianola marcando el comienzo de cada acto con su peculiar sonido.

La serie tiene un buen arranque; la acción, ambientada en una película del Oeste ofrece diálogos interesantes y peculiaridades desconcertantes que atrapan el interés del espectador; si además le añaden guiños futuristas la combinación le resulta atractiva.

A mitad de temporada sufre un bache, con varios episodios que aportan más relleno que sustancia a la trama y un final espectacular, con tres últimos episodios en los que la serie vuelve a coger velocidad, y a despertar el interés del espectador, entretenido por numerosos giros de guión que incluyen más acción y diálogos más incisivos.

Si tuviera que asociar la serie con un plato elegiría las croquetas, cada una de un sabor diferente y sin indicios externos que faciliten la certidumbre.

Es una serie que impele al espectador a vaticinar un desenlaces que solo con el paso de los capítulos se verán refutados o confirmados, circustancia que desdibuja parcialmente los detalles que ofrecen los primeros episodios, un esbozo incapaz de satisfacer expectativas.

El argumento es simple en origen: un gigantesco parque temático ambientado en el antiguo Oeste ofrece la posibilidad de dejar el superyo freudiano en la entrada a cambio de una elevada suma de dinero, lo que les permite desembarazarse de todo condicionamiento ético o moral que pudiera reprimir sus pulsiones más primitivas (el ello freudiano), básicamente la agresividad y el sexo. Para ello disponen de unos humanoides externamente iguales a los humanos que pueden ser vejados,maltratados,asesinados o violados sin consecuencias punitivas porque no rige ley alguna.
El conflicto moral surge cuando comienzan a ser detectados robots que pudieran tener consciencia,percepción de la realidad y sentimientos parciales.

La serie es una reflexión visual acerca de los riesgos que conlleva jugar a ser dioses, el peligro implícito que supone  rear inteligencias artificiales que pudieran devenir en una autonomía propia y a la capacidad potencial de poder tomar sus propias decisiones al margen de las tres leyes de la robótica de Isaac Asimov, y por lo tanto un riesgo latente.

En lo que concierne al ámbito interpretativo hay una clara victoria de las mujeres,representadas por una inmensa Evan Rachel Wood (Dolores)  y la no menos brillante Thandie Newton (Maeve).
Las estrellas masculinas, uno de los principales ganchos de la serie, Anthony Hopkins y Ed Harris están desaprovechados, especialmente el primero, con un papel plano, poco exigente que solventa con la misma expresión gestual en casi todas las tomas en las que aparece. A Ed Harris se le ha ofrecido un papel con un margen interpretativo también pobre, de poco lucimiento, pero su elección me parece acertada: basta su piel cuarteada, su elegancia montando a caballo y su mirada desafiante para hacer de hombre de negro muy dignamente.

En resumen: una de esas series poliédricas que convendría ver más de una vez para atrapar todos los matices argumentativos que a modo de pequeñas piezas forman este puzzle tridimensional, pero que convencerá también al aficionado de cine palomitero porque ofrece acción, una puesta en escena muy atractiva, un montaje excelente y un guión bien trabajado.

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